• Reproducción asistida: ¿informar sobre el origen?

    Reproducción asistida: ¿informar sobre el origen?

     

    Todo ser humano a medida que va creciendo  se hace una serie de preguntas acerca de su origen, por lo que es inevitable que los padres estén preparados para contestar a esas preguntas teniendo en cuenta siempre el nivel madurativo del niño/a. Si tratamos de ponernos en el lugar de un niño que ha llegado al mundo a través de un medio que ha necesitado de la intervención externa, poder conocer algo tan importante para la construcción de su identidad, se convierte en algo especialmente primordial, sobre todo si tenemos en cuenta que en mayor o menor medida, alrededor de esa circunstancia, coexisten emociones controvertidas.

    Tal vez no exista una respuesta mágica y cada familia tenga que pensar muy particularmente el qué, el cuándo y el cómo. Sí parece que lo más razonable es que previamente exista una elaboración psíquica, sobre el proceso hasta alcanzar el fin deseado, que es el de convertirse en padres. Y seguramente de eso dependerá la repercusión que pueda tener en el hijo. En ese camino se pueden tener las cosas muy claras o no tanto y a muchas personas se le pueden plantear algunas cuestiones fundamentales que será necesario resolver:

    ¿Qué ocurre con el legado genético? Para muchas personas es difícil aceptar que no existe relación genética con su hijo ya que se les hace más complicado enfrentarse a su propia muerte al renunciar a la trascendencia  genética. Despejar ese fantasma y poder poner en valor que lo más importante es el legado afectivo, no siempre resulta fácil. La reproducción asistida constituye un medio que conduce a un destino deseado y es en el nacimiento, en el momento en  el que el bebé se encuentra con sus padres cuando nace psíquicamente; es lo que se pone en su corazón lo que lo va a convertir en un tipo de persona u otra, es la posibilidad de que aflore su propio deseo lo que le va a permitir desarrollar sus potencialidades, es la guía, el acompañamiento y la oferta de límites lo que le permitirá organizarse internamente así como en la relación con su entorno.  Lo que verdaderamente cuenta se juega en la relación y ese es el auténtico legado.

    ¿Y el sentimiento que a veces aparece al confrontarse una y otra vez con la dificultad de la procreación natural? ¿A veces aparecen  vergüenza, culpa, impotencia, rabia, dolor, miedo…? ¿Qué hacer con eso?

    ¿Y en los casos de donación de gametos masculinos?¿se siente el padre excluido doblemente al no poder participar  tampoco  ”físicamente” en la gestación?

    ¿Y el miedo que puede aparecer a no ser querido por el hijo si se entera de…?

    ¿Y qué es ser mujer y ser hombre?  Parece que existe también una presión histórica acerca de lo que significa ser mujer y ser hombre demasiado ligada a la reproducción, con lo cual, a veces, cuando los padres no se lo pueden organizar psíquicamente se produce una especie de herida narcisista que los lleva a cargar con una especie de estigma que resuelven con el “olvido” y el ocultamiento.

    ¿Pero cuál es la verdad?El ocultamiento podemos relacionarlo también con lo inadmisible que les resulta a muchos padres aceptar la dificultad biológica de engendrar. Esta “verdad” es la primera que los padres tienen que tener clara para poder asumirla y resolverla. Resuelta su “verdad” podrán contarle a su hijo que al mundo se puede llegar de varias maneras y que ellos eligieron la que pensaron que era la mejor según las posibilidades que tenían.

    Por otro lado, se cuente o no al hijo cómo se produjo su llegada al mundo, si los padres no han podido elaborar sus propios fantasmas ello tendrá una repercusión en el niño.

    Cada persona manejará estas cuestiones y seguramente otras muchas,  de una forma diferente; en la medida que se pueda naturalizar el proceso y se vayan elaborando y resolviendo  (si aparecen), será más fácil explicar naturalmente al niño algo de su propia historia antes de nacer.

    Una vez que la cuestión de los padres esté aclarada, entonces sí, podemos pensar en lo demás:

    ¿Cuándo? Aunque a partir de los tres años los niños ya se plantean algunas preguntas respecto a  de dónde vienen, les basta generalmente con la explicación afectiva típica: tú viniste al mundo porque mamá y papá se quieren  mucho y deseamos tener un hijo y ese amor hizo que tú nacieras. Si van más allá, la explicación de la semillita suele ser  suficiente con ejemplos de plantas o animalitos. No están preparados para nada más, sus preguntas son mucho más concretas, una explicación más compleja sería contraproducente porque no lo tomarían como parte de sus intereses, de su realidad; sería algo que viene  más de los padres, que se ponen un poco rígidos con la necesidad de contar la “verdad”. Se trata más bien de dosificar la información, sin que lo vivan como un engaño o una mentira. A los niños les interesa más lo relacionado con el salir de la barriga, con donde ocurrió…, cosas más de dos (él y su máma) que de tres…,  incluso a veces creen que como nació en el Hospital la semillita la puso el médico….Conforme vayan asimilando las respuestas irán complejizando las preguntas. Con 6 o 7 años un niño puede entender un poco más una explicación menos sencilla y lo fisiológico resulta más asequible; y aquí nos podemos encontrar con muchas diferencias, niños muy interesados que buscan explicaciones y otros que no preguntan ni manifiestan interés. A los primeros hay que tratar de ofrecerles una explicación acorde a su entendimiento y a los segundos no precipitarse y esperar un momento más propicio. Tal vez, en la mayoría de los casos hasta los 8 o 9 años, en incluso en ocasiones más, no se encuentren preparados para comprender su significado. Igual que un niño adoptado a lo mejor tiene que esperar a ser mayor, después de prepararse emocionalmente, para ir a conocer a su madre biológica. No obstante, en el caso que nos ocupa, si no manifiesta ningún interés, ni pregunta, antes de la adolescencia habría que hablarle sobre el tema.

    ¿Cómo? De una forma natural, no hay nada malo, ni extraño; siempre los padres, ofreciéndole una historia adecuada a su comprensión, que tenga sentido para él, evitando mucha información y también los pormenores, esperando que posteriormente él sea quien vaya poco a poco haciendo preguntas. También se pueden utilizar  cuentos.

    ¿Qué decir?   Partimos de que conforme vayan asimilando las respuestas irán complejizando las preguntas. Cuando son más mayores, ya muy entendido el sentido emocional  de su nacimiento, se les puede ofrecer una historia sencilla que explique que un niño puede llegar al mundo de varias maneras, explicándole sencillamente cuáles son y diciéndole cuál fue el camino que ellos pudieron elegir para conseguir ese deseo tan grande que era tener un hijo.  A partir de ahí lo mejor puede ser esperar a que sea él quien vaya preguntando conforme se le vayan ocurriendo cosas. En función de las preguntas que vaya realizando se pueden dar  respuestas verdaderas adecuadas a su entendimiento.

    Aún en las mejores circunstancias, que pueden ser aquellas en las que los padres se han podido organizar en su cabeza todas las cuestiones psíquicas implicadas y han podido abordar de una manera natural y serena explicarle al niño cómo ha venido al mundo, siempre quedará algo que no podrán resolver los padres; será el hijo, conforme vaya creciendo y en función de los recursos psíquicos que tenga, quien tendrá que afrontar por si mismo las fantasías, dudas y preguntas que probablemente se le generen, las cuales, tal vez, no termine nunca de resolver del todo.

     

    Pablo Montero Candial

    Psicólogo

     

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