• “Papaaá ¡Escúchame con los ojos!”

    Texto: Pablo Montero.

    Leí hace poco una viñeta que decía lo siguiente:

    .-¡Papá!

    .-Dime hijo (sin dejar de mirar el móvil)

    .- Papá, ¡Escúchame!

    .-Te escucho hijo (sin desviar su mirada del Smart phone)

    .- Papaaá ¡¡Escúchame con los ojos!!

    Si partimos de la base de que los niños, y más en los primeros añitos de vida, necesitan un entorno seguro en el que poder desarrollarse y crecer saludablemente, tal vez nos podamos plantear si sentirse escuchados es un requisito imprescindible para conseguirlo.

    Estamos hablando de comunicación y para que exista en la relación con los hijos será necesario que se sientan escuchados, y para lograrlo tendremos que empatizar con ellos, ya que ponerse en el lugar del otro es lo que nos garantiza saber lo que pueden estar sintiendo y así ofrecer la respuesta más adecuada en cada situación. Y para conseguir todo esto resulta esencial poder tener la presencia necesaria lo que implica estar disponible emocionalmente, escuchar con los ojos, porque a través de la mirada proyectamos nuestros deseos. Y también escuchar con el cuerpo, en ese diálogo tónico tan necesario en los primeros meses de vida.

    Parece que vivimos en un mundo abocado al multitasking, que consiste en hacer varias cosas al mismo tiempo, pero lo que dicen los investigadores es que en realidad estamos pasando nuestra atención de una tarea a otra a gran velocidad. Y todo esto tiene un coste que redunda en la disminución de la capacidad de atención.

    ¿Cómo influye esto en las relaciones humanas? ¿Cómo influye en los niños que las personas más importantes de sus vidas no puedan a veces dedicarles la atención sostenida que necesitan, sobre todo en los primeros añitos?

    Enganchados a la adrenalina y al cortisol  resulta difícil conectar (escuchar) con el ritmo, los tiempos, las necesidades de un niño pequeño.

    A veces los niños, para captar esa atención que necesitan pueden llegar a ponerse muy activos y a traspasar los límites que en algún momento se han puesto pero que se difuminan por la falta de presencia de calidad.

    Una de las cosas que favorece la escucha a nuestros hijos es también que como adultos también nos sintamos escuchados, lo cual pasa por favorecer encuentros con personas significativas para nosotros con quien nos sintamos comprendidos y también por escuchar nuestras propias necesidades y atenderlas.

    Escuchar a un niño tal vez pase por ofrecerle una mirada atenta, en la que el niño se sienta reflejado y así poderlo ayudar a desarrollar su personalidad, a generar ese espacio seguro que lo acompañe transicionalmente a la realidad. Si se generan vínculos seguros en la primera infancia los niños crecerán con confianza en sí mismos lo que redundará en que las experiencias de separación del ámbito familiar que vayan teniendo sean también positivas.

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