

La llegada de un nuevo miembro a la familia constituye un momento de gran importancia que va a requerir un tiempo de adaptación para todos. Imaginemos una familia de tres, el padre, la madre y un niño de dos o tres años. Aunque puede pensarse que es bueno para el hermanito no quedarse como único y que le vendrá bien un compañerito de juegos, es importante que se parta del deseo de una pareja que quiere tener otro hijo. Situados en este contexto vamos a centrarnos en cómo enfocar el tema sobre todo si miramos al hermano de dos o tres añitos.
Será importante en primer lugar comunicar al niño la noticia con naturalidad e incorporar el embarazo a la vida cotidiana de la familia; para que el niño pueda empezar a conectarse poco a poco con la idea de un hermanito y que lo vaya aceptando con normalidad y pueda ir despejando las dudas que pueda tener.
Hacerlo partícipe de las visitas al ginecólogo, mostrarle la barriga, acariciarla, cantarle canciones, pensar juntos en si será niño o niña…; se trata sobre todo de que el niño no perciba que con la llegada del hermano pierde valor para los papás. Por ello, cómo transmitirle que con la llegada de este nuevo miembro él o ella se convertirá en hermano/a mayor, que va a seguir siendo igual de importante, que lejos de perder algo va a ganar mucho, que aunque al principio mamá esté más ocupada atendiendo al bebé, pronto va a poder tener más tiempo para él…..
En general, la intensidad de la reacción del hermano cuando nazca el bebé, dependerá de varias cosas: de la medida en que esté acostumbrado a relaciones duales-exclusivas, de la implicación del padre, de la posibilidad de contar con ayuda familiar o de asistenta, de que perciba o no una pérdida de valor en la relación con sus padres, de lo alto que hayamos construido su trono…. y seguramente muchas más. Los celos que suelen aparecer suelen ser normales ya que son producto del amor y también del temor que todos tenemos a ser menos para el otro.
Será importante en primer lugar comunicar al niño la noticia con naturalidad e incorporar el embarazo a la vida cotidiana de la familia; para que el niño pueda empezar a conectarse poco a poco con la idea de un hermanito y que lo vaya aceptando con normalidad y pueda ir despejando las dudas que pueda tener. Algunos niños tienen alguna pequeña regresión como hacerse otra vez pipí, que quiera que le den de comer, coger el chupete, meterse en la cuna…y es que un niño de dos o tres años puede pensar que si sus papás querían un bebé ¡él puede serlo!, no tenían que haber traído a nadie. Cuando comprueban que es más divertido y estimulante ser un niño mayor vuelven generalmente a su ritmo habitual.
Hay veces en que los niños piden un/a hermano/a pero otras ni se les pasa por la cabeza; hay que darles tiempo para que se creen las condiciones para la aceptación y deseo del nuevo hermanito/a. Si se dan las circunstancias adecuadas pronto comprenderá que a lo mejor ha renunciado a algunas cosas pero le compensa sentirse más mayor y que sus papás se sientan orgullosos de él/ella.
Es importante ser cuidadoso con el mayor pero hay que tratar de actuar con naturalidad, para que no desconfíe de lo que está ocurriendo. Ser honestos y dedicarle el tiempo que necesita tal vez sea lo que más necesite en estos momentos.
Pablo Montero Candial
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