

“Afecto”, «todo”, “ límites” y “sobreprotección”
Uno de los temas de mayor actualidad en nuestra sociedad, está relacionado con la educación de los/as hijos/as. Se comenta que existe una confusión bastante generalizada acerca de lo que significa darle “todo” a un hijo, la diferencia entre sobreprotegerlo y quererlo y sobre qué ocurre con los límites. Se dice que el modelo social ha cambiado y que como consecuencia también la educación; también se dice que es importante conciliar la vida familiar y laboral y que mientras eso no se produzca es mucho más difícil educar.
Sobre todo se escuchan mucho cuatro palabras: todo, límites, sobreprotección y afecto.
“Todo” viene del latín “omnis” y sabemos que así empiezan palabras como omnipotencia y omnipresencia, cualidades atribuidas históricamente a los dioses.
¿Qué ocurre cuando se le da todo a un hijo?; si el niño siente que tiene todo, ¿cómo repercute eso en su deseo de crecer y madurar, en su capacidad para desplegar el esfuerzo necesario que requieren los retos de la vida que no son precisamente fáciles?; ¿cómo influye “tenerlo todo” a la hora de resistir las frustraciones cotidianas?
Da la impresión que “tenerlo todo” hace que carezcamos tal vez de lo más fundamental, que es aceptar nuestras propias limitaciones, que es precisamente lo que nos hace más humanos. Si lo tenemos todo ¿existe espacio para desarrollarse?
¿Qué es un límite? El límite podemos vivirlo como una pérdida, pero siempre es una ganancia, es algo que pone fin, para que empiece algo nuevo, pero sobre todo es algo que nos permite poner orden en nuestras vidas, que nos dice que nos tenemos que ocupar de nosotros mismos, que nos invita a aprender a renunciar a cosas. Si miramos nuestro pasado nos podemos preguntar ¿todo crecimiento no conllevó una renuncia?
Y respecto a los hijos, ¿quién tiene la función de decirles que no son el centro del universo?; a esa función simbólica la podemos llamar límite o de otras maneras, pero tal vez sea el favor más grande que estaremos haciendo a nuestros hijos y eso tendrá mucho que ver con el amor que les tenemos.
Sobreprotección tiene que ver con dar más de lo que se necesita y por tanto con no dejar espacio para crecer. Además, se tiende a creer que un niño sobreprotegido se va a sentir más seguro y es todo lo contrario, porque no va a desarrollar los recursos necesarios para la vida, que no es precisamente un paraíso. A veces sobreprotegemos a los hijos por miedo, inseguridad o culpa, y por ello, los niños, en lugar de sentirse protegidos también se sienten inseguros. Entonces ¿sobreprotección sería igual a desprotección?
El afecto, el amor….; si existe una condición para que exista la vida, ésa es precisamente la del afecto. Todos sabemos que, en cuanto al tiempo que pasamos con los hijos, es más importante la calidad que la cantidad o lo que es lo mismo, mejor estar en “on” menos tiempo, que mucho en “off”, pero…
Para generar vínculos afectivos sólidos, que den seguridad a los/as hijos/as, ¿cuánto tiempo de calidad es necesario pasar con ellos?
Una frase del gran escritor francés Montaigne:
“El niño no es una botella que hay que llenar, sino un fuego que hay que encender”.
Pablo Montero Candial
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