• ¿Que necesita un niño para crecer emocionalmente sano?

    ¿Que necesita un niño para crecer emocionalmente sano?

    Si uno se plantea esta pregunta, ya ha emprendido el camino reflexivo  que requiere la apasionante y complicada experiencia que supone ser padre o madre. Cuando alguien se interroga acerca de estas cuestiones genera inmediatamente un encuentro con uno mismo que abre la puerta del encuentro verdadero con los hijos. Y es que si buscáis recursos educativos no tenéis que ir muy lejos, están dentro de vosotros, porque tal vez,la mejor herramienta educativa para un padre  sea  uno mismo. Por tanto no sólo se trata de crecer como padres o madres si no como personas, luchando con nuestras ansiedades, angustias, miedos e inseguridades les estaremos ofreciendo a los niños la posibilidad de que conviertan su vida en un acto creativo lleno de experiencias verdaderas. Estar bien con uno mismo es condición para estarlo con los demás y cuando esto no ocurre se ponen en marcha una serie de mecanismos que acaban por generar una vida superficial, egocéntrica, llena de muchos objetos y cosas pero en el fondo vacía. Porque tal vez, el amor y la comprensión hacia uno mismo tal vez sean el camino para poder amar y comprender a nuestros hijos, lo que a su vez propiciará que puedan crecer emocionalmente sanos.

    Si me conozco, me respeto, me cuido, me atiendo y me acepto, sólo así te conozco, te respeto, te cuido, te atiendo y te acepto.

    Y hablando de experiencias verdaderas, me gustaría que os hicierais una pregunta acerca de lo que significa ESTAR con mayúsculas; cuando estáis con vuestros hijos estáis  físicamente pero ¿lo estáis verdaderamente? ¿y vuestras cabezas?; ¿no os parece que en muchas ocasiones no estamos viviendo el momento presente? Que parece que a veces no hay conexión entre nuestra presencia física y nuestra mente. ¿Cómo repercute esto en las relaciones con los hijos? En la medida que estéis presentes, en mente y cuerpo, podréis comunicaros con ellos desde la escucha, sin técnicas ni procedimientos; es un trabajo hacia adentro, conectando con vuestras cosas y hacia fuera intentando empatizar con las de ellos. Para que haya comunicación tiene que haber ESCUCHA y para ello es necesario que nos podamos poner en lugar del otro sin perder nuestro propio sitio.

    Por eso, cuando emprendemos el camino de intentar ser mejores personas nos encontramos con una visión de la infancia en la que favorecer aspectos como la imaginación y creatividad (para que el niño sea niño), convertirse en un modelo digno de ser imitado, promover los encuentros verdaderos, el RESPETO, el tiempo necesario, la alegría, el juego…empieza a cobrar una gran importancia.

    ¿Y la pareja? Actualmente, muchas parejas se separan porque han pasado unos años y cuando se miran uno a otro ya no saben ni quiénes son. Muchas veces pregunto a los padres desde cuando no salen juntos a cenar o por ahí. Casi nadie sale sin los niños. Si todo empieza con la pareja ¿por qué cuando nacen los hijos, en muchos casos, y cuando la experiencia de paternidad requiere tanta complicidad, se produce un alejamiento paulatino  el uno del otro?  ¿Qué lugar ocupan los niños en la pareja? ¿Será que si cuidamos la pareja también cuidamos de la salud emocional de los niños?

    ¿Y el autocontrol?: si partimos de la base que para que un niño aprenda a manejar sus instintos, sus impulsos, necesita que funcionemos como una especie de YO-auxiliar, que lo ayudemos a gestionar sus emociones, que le enseñemos con serenidad, paciencia y la firmeza necesaria a adaptarse a la realidad familiar y social, imaginaros que los encargados de eso, que son fundamentalmente los padres, pierden sus nervios habitualmente y su ira, rabia y furia cae sobre los pequeños….,haciendo así lo contrario a lo que necesitan (he dicho habitualmente, todos perdemos los papeles alguna vez). Y desgraciadamente, este es uno de los mayores problemas actuales. Personas con bajo nivel de frustración, con escaso control de sus impulsos, o sin la firmeza y coherencia tan necesarias, que llegan a la paternidad y no tienen recursos para ejercer la función que han elegido. El desastre está servido. Si alguien se identifica con este perfil,  tal vez, antes de pensar en tener un hijo o un ¡segundo hijo! podría plantearse ir a terapia un tiempo.

    Para que nuestros hijos puedan crecer emocionalmente sanos, no se trata de que seamos unos padres perfectos, pero tal vez sí unos padres aceptables, para lo cual no queda más remedio que emprender un recorrido hacia el conocimiento de uno mismo. Si lo hacemos, también nos daremos cuenta de que los hijos son diferentes a  nosotros y comprender, respetar y aceptar su singularidad les permitirá aceptarse a sí  mismos y ser felices.

    Pablo Montero