• La influencia de las pantallas en los tres primeros años de vida

    La influencia de las pantallas en los tres primeros años de vida

    Una experiencia desde la Escuela Infantil que hace reflexionar a las familias

    Pablo Montero Candial. Psicólogo.

    La aparición en los últimos años de poderosas y adictivas fuentes de estimulación, como son los diferentes tipos de pantallas (Móvil, Tablet, TV, videojuegos) ha propiciado que tengamos que pensar en  armar un nuevo encuadre educativo que permita mantener un equilibrio lo más saludable posible. Ya se ha demostrado suficientemente que la exposición excesiva a este tipo de tecnología  es perjudicial para los niños/as. Se habla de problemas visuales como la miopía, tics nerviosos, problemas de atención, hiperactividad, retraso en el lenguaje, problemas de comunicación y socialización, alteración de la convivencia familiar,  problemas motrices, sedentarismo, déficit en imaginación y creatividad etc…

    En las Escuelas Infantiles que asesoro como Psicólogo Escolar y dentro del Programa de Educación Emocional  hemos desarrollado un Proyecto para que las familias piensen sobre este tema. Cada alumno/a se llevó un fin de semana un cuento de Ian Brenman y Rocío Bonilla que se llama ¿Jugamos? cuyo protagonista es un niño que a pesar de todas las ofertas que tiene para jugar prefiere siempre jugar con sus “maquinitas”. La propuesta era que estuvieran un finde “sin pantallas” y que nos contaran su experiencia a través de un cuaderno en el que podían explicar lo que habían hecho. El resultado ha sido la realización entre todas las familias de un “libro” maravilloso en el que a través de fotos, dibujos y relatos han plasmado su experiencia de dos días dedicados a JUGAR.

    No olvidemos que el juego constituye un vehículo de expresión del  mundo interior de los niños/as, los ayuda a resolver conflictos, manifestar deseos, miedos, siendo parte activa y no pasiva de la vida. La ausencia de juego puede influir en el desarrollo intelectual y emocional, ya que a través de él se desarrollan multitud de  recursos; los niños que juegan poco tienen una vida interior menos rica y por tanto es difícil que se entretengan solos, se convierten en niños receptores más que emisores, con poca iniciativa y autonomía personal, con tendencia al placer inmediato y dificultad para aceptar la frustración, también a veces con dificultad para relacionarse. Cuando juegan experimentan, ponen a prueba su personalidad, se retan a sí mismos, aprenden a perder, a tener paciencia, a compartir.

    El objetivo de este Proyecto ha sido propiciar que las familias pudieran reflexionar a cerca de la importancia que tiene para los niños entre 0 y tres años que puedan generar recursos para desarrollar su imaginación, puedan dedicar tiempo a la exploración real de su entorno, poniendo en juego sus capacidades motrices, cognitivas y emocionales, estableciendo vínculos afectivos con sus iguales donde aprender a compartir, esperar su turno, tener paciencia, divertirse, sentirse querido y aceptado.  Uno de los peligros mayores de las “pantallas” es que el cerebro del niño se acostumbre a obtener gratificaciones inmediatas; la rapidez de las imágenes, su intensidad y vistosidad, ofrece un placer inmediato que convierte en aburrida cualquier otra actividad “humana”, que requiere un tiempo más pausado. A partir de aquí los problemas de aprendizaje pueden estar servidos, ya que les resulta insoportable realizar un esfuerzo cuya recompensa no es a corto plazo y requiere mucha capacidad de atención y concentración, más teniendo en cuenta que muchas veces lo que estudian está muy lejos del mundo virtual que hay en su cabeza. Atravesar la etapa escolar puede convertirse en una auténtica pesadilla familiar, sobre todo cuando en cursos más avanzados se necesita más dosis de concentración y esfuerzo.  En cuanto a lo social, a veces se produce una inhibición  y en otras ocasiones encontramos chicos con demasiado placer en la descarga, impulsivos, con dificultades para obtener placer en áreas representacionales (dibujo, lectura…) y también con problemas para manejar sus emociones

    Cada familia tiene que reflexionar sobre el tiempo que está disponible para sus hijos y hasta qué punto entre el trabajo, las diferentes responsabilidades y el propio “enganche” a  pantallas (móvil sobre todo) queda tiempo para otra cosa. No olvidemos que la herramienta educativa más importante tal vez sea uno mismo y que uno de los retos de cualquier padre o madre es convertirse en un modelo digno de ser imitado.

    Aunque tal vez la reflexión que nos tenemos que hacer es cómo los adultos podemos permitir que esto ocurra, qué tipo de vida rápida, sin tiempo para nada, con la paciencia agotada, o sin renunciar por nuestra parte a nuestras propias gratificaciones inmediatas llevamos. Si como pensamos muchos,  los primeros añitos de un ser humano son los más importantes, tenemos que hacer lo posible para ofrecer al niño la posibilidad de crecer sin estímulos que intoxiquen de alguna manera su cerebrito y puedan disfrutar de experiencias reales, generando vínculos ni intrusivos ni abandónicos, que le permitan crecer y desarrollarse de la manera más sana posible. Sobre todo en estos tres primeros añitos.

    No voy a plasmar aquí las estadísticas que ya hay sobre estos temas, que son impactantes, sólo terminar con una frase del Psiquiatra, ya fallecido, Karl Menninger:

    “Lo que se les dé a los niños, los niños darán a la sociedad”

    Y con una reflexión de unos Papis participantes:

    “He comprobado que si los padres no cogemos tanto el móvil ellos no lo piden (no se acuerdan), que debemos decir más veces ¿Jugamos?, que el tiempo pasa volando…”

     

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