

“No sabemos lo que nos pasa y eso es precisamente lo que nos pasa.” J. Ortega y Gasset
Como todos sabemos la crianza de los hijos no es fácil y en muchas ocasiones produce verdaderos quebraderos de cabeza. Se intenta pensar cuál es la mejor respuesta a las diferentes situaciones y no siempre da el resultado esperado, lo cual a veces genera frustración y desaliento. Abrir una lista de reproches, a veces a uno mismo y otras veces a nuestra pareja es lo que suele venir a continuación.
En mi experiencia como Psicólogo, cuando unos padres piden mi ayuda, generalmente van buscando una oferta de pensamiento que les permita tener una visión realista de la situación y así saber qué hacer finalmente. Aquí pueden pasar dos cosas, que la reunión se convierta en una sesión de adiestramiento o en un verdadero asesoramiento. La primera opción pasaría por ofrecer pautas directas de tipo conductual y la segunda por pensar juntos todas las variables implicadas, analizarlas y a partir de ahí marcar algunos ejes de trabajo. La diferencia está en que ésta última se convierte en una manera de acceder a un registro de pensamiento, no tan racional y superficial, sino un poco más profundo y emocional. Cuando unos padres entran en la dinámica de “aprender a pensar” todo lo relacionado con la crianza de sus hijos así como en sí mismos y en la relación de pareja (cuando la hay) se emprende un camino en el que la Palabra juega un papel muy importante. El esquema sería el siguiente:Sentir-pensar-actuar
La dificultad viene a veces cuando nos resulta difícil ponernos en contacto con nuestro “sentir” y por tanto vamos dando palos de ciego intentando poner parches, o lo que es peor, pasamos al acto, es decir, a situaciones de desborde que producen mucho desgaste. Por eso, lo primero sea tal vez tomar conciencia, darnos cuenta, identificar el problema que hay detrás de lo más aparente y así empezar a generar las condiciones del cambio. Y qué difícil será cambiar cuando muchas veces preferimos aguantar el malestar antes que adentrarnos en lo desconocido («más vale malo conocido…).
¿Cómo aprender a pensar cómo padres? Conectar con el mundo interior propio para entrar en contacto con el ajeno siempre es requisito fundamental, porque uno no puede ver en los hijos lo que no puede ver en sí mismo. Mirarse a uno mismo sin juzgarse, viendo cada situación como una oportunidad para conocerse y mejorar, entendiendo que lo que ocurre es natural y le puede pasar a cualquiera, garantiza sin darnos cuenta la empatía y el acercamiento al mundo interno de los hijos, lo que permite, ya sin angustia y entendiendo lo que ocurre, tomar las decisiones más oportunas. Desde la angustia no se mira, ni se escucha. Muchas veces actuamos impulsivamente recurriendo a respuestas más basadas en la conducta (castigos), bajo premisas bastante simples (portarse bien o mal) sin entrar en ese otro registro, más complejo, que convoca a la reflexión.
Pensar como padres tal vez implique tener una visión más amplia, no perdernos en lo concreto y sobre todo darnos cuenta de que no podemos entender qué les ocurre a nuestros hijos sino nos comprendemos a nosotros mismos.
Necessary cookies are absolutely essential for the website to function properly. This category only includes cookies that ensures basic functionalities and security features of the website. These cookies do not store any personal information.
Any cookies that may not be particularly necessary for the website to function and is used specifically to collect user personal data via analytics, ads, other embedded contents are termed as non-necessary cookies. It is mandatory to procure user consent prior to running these cookies on your website.