

Texto: Marta Gómez Díaz-Argüelles. Arteterapeuta
En estas fechas, en las culturas europeas y americanas, por norma general, celebramos y regalamos presentes a nuestros familiares.
A los niños tradicionalmente se les regala juguetes y los adultos nos regalamos caprichos o accesorios para darnos un placer añadido a nuestra normalidad.
Entre mis recuerdos de pequeña sobre regalos y Navidad, destaca el deseo de tener aquello que se anunciaba en los spots publicitarios, y un año, recuerdo que pedí ansiosa la famosa BOTI-BOTA BOTILDE, un juguete de merchandising ideado por el famoso concurso de los ochenta, UN, DOS, TRES, que no era ni más ni menos que un aro con una bota de plástico en un extremo y que servía para bailarlo con un pie y saltar la bota con el otro.
Tenía mucha ilusión y curiosidad por ver de cerca como era esa BOTI-BOTA y deseaba con todas mis ganas adquirirla, más que jugar con ella, ya que la vieja Boti Bota era como una especie de mascota en forma de dibujo animado del concurso y a todo el mundo le gustaba y le hacía mucha gracia.
Cuando llegó el momento, allí estaba: mira que era fea la bota, pero a mí me gustaba. La abrí y la miré, ¡era la auténtica, sí! y ahora tenía la responsabilidad de saber bailarla, exactamente igual que en el anuncio. Intenté hacerlo sin tropiezos, un baile limpio, como la hacía la niña que salía en la tele y ponía todo mi empeño para que la bota no se viera interrumpida por mi torpeza, pero no sé que pasaba, que aquello no era tan perfecto como parecía. Me sentí frustrada y enfadada, me había costado mucho que mis padres aceptaran comprarla, pero al final, me rendí, la verdad es que tampoco era para tanto. Mi padre, preocupado por la escena, había presentido lo que iba a suceder, y por su cuenta había decidido regalarme aparte un libro precioso con unas ilustraciones maravillosas. El libro todavía lo conservo, su mensaje era claro: Los juguetes de plástico nunca perduran, son de usar y tirar. Un libro, sin embargo, es para toda la vida.
Podría contar mil anécdotas, pero esta me sirve para explicar como la infancia desarrolla el deseo de adquirir juegos comerciales de una manera directa por medio de los anuncios. El mensaje que manda la marca es directo. La imagen se queda registrada y el instinto hace lo correcto: debes adquirirlo porque quieres ser aceptada, ese juguete te hace más normal, te hace más persona. Si lo tienes, serás feliz.
Muchas veces, nuestros pequeños realmente no saben cómo es el juguete, quieren tenerlo por el anuncio o la foto del catálogo, a modo de fetiche, porque la imagen y el colorido que se transmite es tan atractiva, que su deseo por tenerlo supera cualquier oferta.
Y entonces, ¿Cómo podemos hacer los mayores para gestionar este deseo tan febril de nuestros pequeños?
Es una decisión personal, pero si quieres que tu hij@ aprenda a manejarse en su propia frustración, debes acompañarle con mucho amor y paciencia en sus emociones y dejar que él mismo se dé cuenta de que las cosas que se anuncian muchas veces no son lo que parecen.Si quiere pedir un juguete comercial, debemos preguntarle porqué lo quiere y reflexionar con él/ella si es la mejor opción
Para prevenir encontrarnos ante esta situación, desde centro Psicológico Aljarafe aconsejamos:
1.Trabajar el desapego de los juguetes que ya no se usan, haciendo donación a entidades o regalárselo a otros niños directamente, haciendo la selección con ellos y explicándole bien que se hará con ello, involucrándoles en esta responsabilidad.
2. No hacer más de 5 regalos y que estos sean variados, educativos que les sirvan para el desarrollo de su creatividad y por supuesto que cumplan las normativas de seguridad infantil según la legislación Europea (certificado CE).
3. Dialogar entre los adultos y consensuar los juguetes que serían los más apropiados para sus hijos en función de su edad, sus gustos y necesidades.
Es indudable que el juego es un mecanismo imprescindible para el aprendizaje y que sin él, el niño/a no puede estimular la curiosidad, el afán de superación, el reto y la autoconfianza.
Según Howard Gardner, no todas las personas poseemos el mismo tipo de inteligencia. Cada uno de nosotros, en función de nuestro entorno y aprendizaje, vamos poco a poco adquiriendo conocimientos y habilidades en conjunto, lo que se denomina como inteligencias múltiples.
De esta manera, hay personas más expresivas y creativas, mientras que otras personas son más ágiles con el cuerpo y otras, tienen más aptitudes con las matemáticas y la visualización espacial. En cualquier caso, es imprescindible que, para potenciar todas estas habilidades, los niños practiquen el juego simbólico. A través de figuras, objetos, muñecos y escenarios, los pequeños inventan historias e imaginan situaciones, haciendo uso de su propia fantasía, un gran aliciente para el crecimiento y el desarrollo infantil.
En el libro “Ventanas a nuestros niños” de Violeta Oaklander, (2007. Chile: Cuatro Vientos) la autora afirma que numerosos estudios documentan con estadísticas que los pequeños con más capacidad de imaginar, tienen un C.I. más alto que la media y se manejan mejor ante situaciones difíciles y aprenden mejor las tareas con más decisión y autonomía.
El movimiento en el juego es muy importante también, sobre todo en edades tempranas, cuando aparece la necesidad del desarrollo de la psicomotricidad. Los columpios, toboganes y balancines favorecen el desarrollo muscular, la flexibilidad, la coordinación y el equilibrio. También favorecen las relaciones sociales, ya que columpiarse implica esperar su turno y comunicarse con los demás, así como darse cuenta de su entorno y tomar conciencia de que su cuerpo se sitúa en el espacio, separándose de una manera segura de su cuidador/a, para luego volver a él y seguir sintiendo amor y protección, que es lo que cualquier niño/a de 0-6 años espera de sus padres cuando sienten inseguridad.
Un juguete debe ser un recuerdo bonito de la infancia, tanto para los niños como para sus padres, por eso, proponemos también, hacer la lista juntos, invertir una tarde creativa en familia, conversando y hablando sobre lo que cada uno desea y hacer una carta divertida, con dibujos, y si se desea, con algún recorte de algún catálogo, y que cada uno se exprese y se muestra en sus deseos, nombrando los juguetes que ya tienen y argumentando bien los que quiere incorporar. Es muy positivo también hablarles de aquellos juguetes que nos marcaron nuestra infancia y transmitirle de voz propia valores culturales, los propios, los que a nosotros nos funcionaron y nos gustaron.
En definitiva, darse el permiso de JUGAR Y CREAR para poder dárselo a ellos a través de nuestras propias emociones. Elige bien, elige darle amor, creatividad y valores. Ese será el mejor regalo.
DEDICADO A MI PADRE, CIPRIANO GÓMEZ ORTIZ, incansable lector y escritor, el cual siempre nos regalaba libros con mensajes ocultos.
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