dueloLa muerte de una persona querida implica una cadena de sentimientos y sensaciones que deben ser gestionados de manera adecuada por quien las sufre, siendo fundamental la ayuda que se percibe del círculo de personas más cercano. El duelo es, así, un proceso social y, como tal, el hecho de sentir apoyo y poder expresar y compartir la experiencia personal de cada uno con un grupo de personas que se encuentren en una situación similar va a ser fundamental para su resolución.

Desde un punto de vista psicológico, aunque el duelo es un proceso de adaptación normal, en ocasiones se vuelve más difícil provocando que el dolor ante la muerte de un ser querido se retrase, se inhiba, se enmascare o perdure excesivamente en el tiempo. En esos casos, reacciones emocionales normales como el hecho de sentirse triste o experimentar ansiedad pueden transformarse en sentimientos de desesperación, de indefensión ante la vida, apatía, depresión o trastornos ansiosos como comportamientos fóbicos o pensamientos obsesivos.

En otros casos, la sociedad actual puede influirnos de manera negativa, forzando a las personas a estar bien rápidamente, a distraerse con cualquier cosa para no pensar en la muerte del ser querido, a evitar el contacto con el dolor o las lágrimas, provocando también que el proceso de duelo se complique.

No existe ni un solo duelo igual a otro y, por ello, cada persona necesitará una ayuda diferente para superar esta etapa. Una terapia adecuada, individualizada, y centrada en el cliente, guiará a la persona hacia un estado de bienestar en todos los niveles: fisiológico, emocional, cognitivo y conductual.

 

“El duelo es tan natural como llorar cuando te lastimas, dormir cuando estás cansado, comer cuando tienes hambre y estornudar cuanto te pica la nariz. Es la manera que tiene la naturaleza de curar un corazón roto” Doug Manning