• Crecer

    Crecer

    En el último viaje que realicé a los escenarios en los que transcurrió mi infancia me di cuenta de que las distancias a cada uno de los sitios desde la casa de mis padres, resultaban ser en realidad muy diferentes a lo que recordaba. Lo que antes me parecía lejísimos ahora resultaba ser un simple paseo. En cuanto al tiempo, pasaba algo parecido, ya que ahora no me importaba que hubiera que  echar un buen rato para llegar al lugar deseado; sin embargo, de pequeño me costaba mucho esperar y quería llegar a los sitios lo más rápidamente posible, ¡qué gran invento la bicicleta!  Visitando con mi hijo la escuela abandonada donde estudié hasta los 10 años me sorprendió también el tamaño de las clases, el patio interior y una pista de cemento que había en el recreo; todo parecía más pequeño a como lo recordaba.

    Esto me hizo pensaren el sentido que tiene crecer. Si intento volver a ponerme detrás de los ojos de ese niño que fui, lo veo todo grande, a veces inalcanzable, separarme del terreno conocido cercano a mi casa es todo una aventura, siento mucha emoción y excitación por enfrentarme a lo nuevo, me cuesta trabajo hacer muchos planes porque necesito todavía vivir al día, no entiendo por qué hay que pensar en el mañana cuando lo que tengo delante me parece tan enorme; es como si tuviera una montaña delante y malgastara el tiempo pensando en la montaña que hay después. Cada día es una oportunidad para probar la propia valía, subiendo a un árbol más alto, lanzando la piedra más lejos, corriendo más rápido, yendo más lejos de casa con las bicis… Cada día es importante y  lo que le da un sentido especial es poder vivirlo en compañía de los amigos, retándonos, compitiendo, enfrentándonos juntos a tantas aventuras.

    Estas reflexiones me llevaron a considerar si somos conscientes de lo que necesitan los niños para crecer y si nos ponemos suficientemente en su sitio (o sea, pensarnos a nosotros cuando éramos pequeños), para poder generar las condiciones que les permitan crecer sin prisas, dándoles tiempo para que vayan conquistando las distancias, los tiempos, los tamaños y los diferentes espacios. Si les permitimos hacerse mayores enfrentándose a lo novedoso, a lo diferente, sin una mirada excesivamente vigilante y si pueden hacerlo acompañados de amigos.

    Desde detrás de esos ojos anhelantes, sorprendidos y a veces temerosos, veo también  lo importante que es sentir la cercanía precisa y la distancia necesaria de unos padres que  comprenden que la magia del crecimiento tal vez tenga que ver con apropiarse poco a poco uno mismo de la vida.

    Pablo Montero. Sta. Eulalia del Campo, Teruel. 28-03-2013