• Anorexia – Bulimia o como preservar el deseo

    Anorexia – Bulimia o como preservar el deseo

    Existe un primer tiempo de euforia, de fuerza de voluntad infinita, de triunfo sobre el hambre (sobre la pulsión). Existe un tiempo segundo de fracaso, fractura y culpa.

    En el primer tiempo, la jóven tiene todo bajo control y sueña con ser solo un cuerpo sin sexo, puro hueso; es el tiempo en el que el Ideal domina la pulsión y no es necesario mas nada. Es la luna de miel anoréxica.

    En el segundo tiempo todo se derrumba y la furia pulsional, el hambre de cualquier cosa irrumpe sin ningún reparo, los diques han cedido, solo queda esperar el momento de la expulsión, del vómito.

    Incorporar comida sin gustar nada, sin distinguir sabores, revela la vana intención de engullir sin freno para  fusionarse con el objeto, con el “objeto mítico de satisfacción”. Volver a ese estado de unidad que caracteriza la relación, en los primeros momentos, del hijo con la madre. Ser Uno, sin fallas, sin marcas, sin castración.

    La bulimia refleja la maniobra de incorporación sin medida de un objeto (comida) que tiene que llenar, tapar, suturar el estómago convertido en bolsa, en agujero. Maniobra favorecida por la disponibilidad constante y asfixiante de objetos que se ofrecen como sustitutos de ser, que cubrirían la falta estructural del ser humano, esa falta necesaria para buscar, para moverse, para salir de la relación pegajosa con la madre. Esa falta que es el origen del deseo, en tanto nos permite caminar, crear, respirar es evitada a toda costa y se la convierte (a la falta) en un vacío insondable que se debe obturar con comida, para que nada “falte”.

    La anorexia es otra forma  particular de tratar la falta (origen del deseo): aplastamiento del instinto primario de supervivencia  (hambre) , dominio, fuerza de voluntad para controlar la pulsión. Es el  tiempo de la fortaleza, del goce de la fuerza y control , nada le falta, pues nada necesita del otro. La castración, la necesidad del otro,  viene asi cancelada a través de una idealización estética del cuerpo delgado, el ideal de la imagen cubre la falta hasta hacer de la renuncia un goce (“nada necesito pues puedo dominar hasta el hambre”). Defenderse de la pulsión, no comer o “comer nada” se convierte en una modalidad de goce, de satisfacción mortífera.

    Por otro lado en la bulimia,  llenar el cuerpo de comida, llenar el cuerpo hasta que no “falte” nada, hasta que no quede mas espacio, hasta el vómito liberador, es otra modalidad de goce mortífero.

    Maniobras desesperadas para conservar algo del deseo, algo del estatuto del deseo, para no reducir todo a una mera necesidad, a una satisfacción de necesidades, eso es en esencia lo que significa anorexia y bulimia.  Una señal para el otro, para que vea como desaparece, para cavar un agujero en el otro: ¿Puedes soportar perderme?

    Pero lo que en definitiva revelan las anorexias es que el “no” de no comer es una defensa, una barrera protectora, un muro que intenta de manera bizarra y destructiva preservar el propio deseo.

    El “no” anorexico es una separación, un límite que se coloca entre el yo y el otro.
    “Esto soy yo y no tienes acceso a mi, no me puedes doblegar. No necesito tu comida, necesito tu amor”
    Es este “no”  una maniobra de preservación desesperada del deseo.  De un deseo propio, sin contaminación del otro. Es un “no” que tiene que ser leído  como la expresión de una búsqueda desesperada de obtener del otro el amor, es decir: “que el otro dé aquello que no tiene”.

    Martín Santoro